En un acto »de salvación» y para »retirar al demonio» del lugar, una familia vecina de “El Calabozo”, ubicado en la parte alta de la sierra de Pénjamo, asesinó brutalmente a dos menores de edad, una de apenas siete meses y la otra de 13 años.
La familia, según testimonios, hace 25 años decidieron vivir apartados de cabecera municipal, en un sitio que ellos mismos llamaron “El Calabozo”, ubicado a 15 kilómetros de la comunidad más cercana. Sólo se puede acceder a ese lugar a pie, por un estrecho camino a medio trazar.
Una denuncia anónima dio aviso del doble crimen la tarde del miércoles. Indicó que la bebé fue mutilada de las extremidades, degollada y le sacaron las vísceras, mientras la adolescente, identificada sólo por las iniciales JPF, fue encontrada atada de pies y manos, con el rostro totalmente desfigurado.
Los asesinatos se perpetraron en un patio común que compartían tres familias que habitaban en igual número de casuchas, donde también se hallaron restos de aves de corral, cerdos y cabras, animales sacrificados a la misma hora que las niñas, según las investigaciones preliminares.
La diligencia fue difícil, pues los padres de la bebé, así como los progenitores de la niña mayor, apenas balbuceaban frases incoherentes, y responsabilizaban a un demonio que, aseguraron, entró en sus hogares para poseer a sus hijas, a quienes asesinaron.
Las familias habrían llevado varios días bajo los efectos de extrañas pócimas que les habría recomendado de una bruja del pueblo. No habían probado alimento, “porque la Virgen de Fátima les pidió orar”. En el lugar se localizaron tés que los hicieron alucinar, apuntó el oficial, haciendo alusión que la bruja se hizo pasar por la Virgen de Fátima ayudándose de las drogas.
«Cuando llegaron los compañeros encontraron el colchón volteado y mucho dinero tirado”,apuntó que la señora de la brujería ya no estaba en la escena, pero los familiares sí, ocho adultos y 13 niñas y niños, de las cuales dos estaban muertas.
“La responsable huyó luego luego que la policía supo del caso, la bruja esa se fue de Pénjamo, la gente la anduvo buscando para lincharla”, dijo aún consternado el oficial.
Los abuelos de las víctimas e identificados como patriarcas de la comuna, ratificaron que participaron en el crimen »’porque las niñas nos querían matar. Ellas, las dos, se convertían en perros, en cerdos, en guajolotes, y nos pegaban, nos querían matar. Por eso las matamos».
Los vecinos de la comunidad de El Tigre, y los habitantes de las viviendas dispersas que conforman El Calabozo temen acercarse al lugar del asesinato, ya que aseguran que se mueven “sombras”, se escuchan llantos de niños que hacen temblar las montañas, y que también se aparece un ser que consideran es el diablo.
Incluso los mismos rescatistas, policías y hasta periodistas que estuvieron ahí presentes ese día no descartan, aunque suene extravagante, hechos sobrenaturales.